sábado, 16 de junio de 2018

Nada que sirva

Hoy no voy a escribir palabras que tengan sentido. 
Son palabras de angustia, furia y dolor. Palabras sin coherencia que lo dicen todo.

Porque, la angustia es inevitable. Sin duda, va creciendo con el paso de los días, meses, años. Silencio en las miradas, gritos en los murmullos. No sé. Que se puede pedir si nada es fácil, nada es sencillo y nadie tiene empatía.
Me agotas. Sin duda cuanto pueden doler unas palabras escritas. Soledad en la multitud, y soledad en el interior. Al final, nadie está con nosotros porque nadie nos conoce. Todos tenemos secretos. Si ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos, es coherente.
El vuelo del momento al final siempre acaba cayendo. Para qué intentar despegar si al final la tormenta te lo va a evitar. Para que soñar si un segundo puede acabar con tus metas.
Fijo,pero viajando en el tiempo. Para qué sirve cambiar la hora. si. al final, el momento es el mismo. Todo es incontrolable, y sarcásticamente gracias a nosotros mismos.
Lucha por lo que sueñas, pero si no eres brillante, en eso te vas a quedar, soñando. O, ten dinero, al final es la única solución para vencer a la vida.
Que cerca está el suelo, porque por mucho que luchemos por volar a la Luna, al final después de la muerte, ahí acabaremos. 
No hay nada más que decir, porque nada tiene sentido. Si nada tiene sentido, no sé por qué ni estoy escribiendo esto, ni por qué tú lo estás leyendo. 
Puede ser mi peor texto, lo sé, pero en momentos de angustia, se busca la empatía y a veces solo ser escuchado y no recibir nada a cambio.

Acábate ya 2018.

martes, 1 de mayo de 2018

Jaque Mate

Jaque Mate. No había movimiento posible para ganar en esta partida contra las blancas. Había perdido cualquier posible oportunidad para levantarse victorioso como rey de las negras.

Sí, había perdido a pesar de la esperanza que tenía al principio. Había encontrado un buen batallón, seguidores fieles los cuales protegerían su persona hasta caer rendidos. Sonaba sencillo que el resto luchara por él mientras que se encontraba sentado en su guarida. Aunque claro, no tenía en cuenta que su protectores no estaban protegidos y las batallas se libran a base de sangre y caídas. 

Era sencillo observar y observar al que no se encontraba en el círculo del confort. Sin embargo, no contaba con que a veces las fichas de su propio bando a la hora de la verdad, también quieren protegerse y buscar su propio bien común. No se llama desobediencia, se llama autodefensa. Al final, siempre gana el que piensa en sí y solo en sí mismo. 

Caída de batallón a media partida. No sabía el pequeño rey que hacer. Nadie le había enseñado a defenderse, y ahora que estaba viéndose en peligro por el abandono o muerte de su defensa, no le quedaba más remedio que andar. Que frustración sentía cuando los demás corrían y él únicamente podía moverse paso a paso. Al final, siempre hay que tener un plan B para escapar en la adversidad.

Rodeado, sin movimiento alguno, se rindió. No podía más. Había caído el imperio que alimentaba su humanidad. Aprendió que no podía vivir en base a los demás en la lucha de las puertas de cielo/infierno.

domingo, 22 de abril de 2018

Barco a Venus

Alex había triunfado desde que nació, sobretodo a nivel profesional. Gran estudiante y mejor persona. O bueno, ¿Mejor persona? Eso se preguntaba cada noche después de pretender viajar al séptimo sueño.

Ahora, que estaba a un mes de cumplir su sueño, se dio cuenta. Era una máquina, y su función no iba a ser otra distinta a la de cualquier trasto mecanizado. Sustituir a millones de personas.
Victorias en campeonatos gracias a venganzas enterradas. Matrículas bajo el embrujo de pequeños despachos. Silencios escritos en las calificaciones inexistentes. Destruyendo los dueños de su envidia, tirando tierra y subiendo a la montaña.
Su ley era que el fin justifica los medios. Si Alex quería llegar a la Luna, ¿Qué mas da donde quisieran llegar los demás? Unos pequeños juegos del hambre psicológicos extra a la alegría de sociedad donde vive.

Sin embargo, noche tras noche, después de conseguir el viaje a Venus, se dio cuenta de que era él quién había ganado esos juegos.
Todo en su vida lo había podido controlar a su antojo. Sin embargo, esto no. La realidad le agobiaba, la falta de control le abrumaba en cada pensamiento. Ahora, por fin el dolor era suyo. Siempre había controlado paso a paso lo que le incumbía, y ahora que estaba a escasos metros de volar y dejar el planeta, pensar era un tormento.  El universo era indomable.
Y decidió abandonar, y en vez de aprovechar esa oportunidad, se limitó a controlar, como dominaba, su muerte.
No pretendía que nadie le entendiera.

martes, 10 de abril de 2018

El lápiz

No he llegado a ser el lápiz que tú querías.

Querías que fuera alguien que llegara a hacer grandes cosas, y por mucho que intentaste enseñarme cómo hacerlo, aún no lo he conseguido. Batallas y batallas internas en la búsqueda de la paz me impiden ser realmente la estrella de mi felicidad. 
Querías que creyera en que alguien me guía a seguir adelante, pero no lo siento así. Solo veo que quién me ayuda a avanzar, soy yo en los momentos de intensidad, bajo la desesperación. No. Al final todos estamos solos.
Querías que dejara de avanzar si me estancaba, y lo he hecho. Parece que el sacapuntas es una de mis pequeñas especialidades. El problema es que la punta fina dura poco, no soy tan buena persona como me intentaste ver.
Querías que olvidara, pero mi goma deja borrones. No voy a olvidar lo que me puede hacer andar. No es corregir, es evitar dos veces caer en la misma piedra. Por mucho que lo evito, mi manera de ser es perdono pero no olvido.
Querías que tuviera cuidado con lo que hay dentro de mi, y no es fácil. Siento que mi vida se basa en escuchar. Tú mismo me lo dijiste, y es así. Cada uno tiene su papel en la vida y no he encontrado a nadie como tú, que pueda invertir los papeles para sentir de verdad qué es el desahogo.
Querías que dejara marca, y con el paso del tiempo me doy cuenta que no sirvo para ello. Porque a veces me gustaría hablar con personas de mi pasado, a ver si se acuerdan lo mismo que yo de ellos, pero no, porque sería dar grandes pasos atrás. Y sería empezar contigo, que ni me recordarás a pesar de todo.
Querías que no temiera al futuro, pero estoy anclada entre el pasado y el presente. Ojalá tener valor de arriesgar todo y no pensar en las consecuencias. Valerme por mi misma y no encerrarme en la madera del grafito. 

Tú pudiste llegar a ser esa abuela, pero yo no soy el niño de la historia. Por lo menos, no ahora. 
Ojalá en el futuro tener la fuerza para visitarte y decirte que, aunque no te acuerdes de mi, soy todo lo que un día soñaste que podría llegar a ser.